Fuego Santo

“Comencé a seguir el movimiento de sanidad de fe cuando era un adolescente. Pero incluso entonces me sorprendía, y también me decepcionaba mucho, cuando presentaban al evangelista de sanidad como si estuviera en el mundo del espectáculo: “Y ahora, señoras y caballeros, ¡demos la bienvenida al gran hombre de Dios de poder y fe!”. La gente aplaudía con entusiasmo. Eso debía de tener la aprobación del evangelista, o de lo contrario no continuaría. No me puedo imaginar a los apóstoles de la Iglesia primitiva permitiendo este tipo de cosas. “¿Por qué nos miran”, preguntó Pedro cuando el paralítico de cuarenta años de repente fue sanado, “como si, por nuestro propio poder o virtud, hubiéramos hecho caminar a este hombre?” (Hechos 3:12). Pocos parecen darse cuenta de cuántos sanadores y evangelistas de hoy animan tan abiertamente a que se ponga el enfoque en ellos. Ellos son las estrellas. Y sin embargo, la más extraña de las coincidencias que jamás he visto en relación con esto fue cuando, en un gran auditorio de una gran ciudad, tras un largo rato de cantar, el famoso predicador vestido de blanco salió mientras cantaban “Cuán grande es Él”. Si no fue una coincidencia, debió de haber hecho sonrojarse a los ángeles.

Se puede decir que el peor desarrollo en nuestra generación, no obstante, es la forma en que ha dominado el mensaje de la prosperidad. Apelando tanto al rico como al pobre, el mensaje de “nómbralo y consígalo”, “créalo y recíbalo”, ha sido la razón principal de la bendición económica de muchos ministerios. En vez de enseñar a la gente a orar y descubrir por ellos mismos cómo Dios responde a la oración, ellos dicen: “Envíen sus peticiones, y yo oraré por ustedes”, como si las oraciones del predicador fueran más eficaces que las de la gente común. Pero es el dinero lo que ellos persiguen.
El antiguo movimiento pentecostal nació en la creencia del poder y la presencia manifiesta de Dios. Vieron cosas maravillosas. Aquellos primeros pentecostales, estando principalmente en la base del nivel socioeconómico, recibieron las burlas de los cristianos tradicionales, fueron menospreciados, si no rechazados, por la clase media del cristianismo estadounidense. ¡Estaban realmente y verdaderamente fuera del campamento! Y a la vez, ¿acaso no se espera que los cristianos “salgan fuera del campamento”, llevando el reproche de Cristo (Hebreos 13:13)? Sí. Algunos incluso dirán: “Cuanto más lejos mejor”. No estoy seguro de estar de acuerdo con esta última afirmación, pero sé que los pentecostales más mayores estaban bastante fuera del campamento.
Continuaron a medida que Dios les iba bendiciendo cada vez más. Comenzaron a crecer: más deprisa que los demás. Vieron sanidades. Señales y maravillas. Dones del Espíritu en operación. En la década de 1960 los pentecostales recibieron la compañía de personas de otras denominaciones: episcopalianos, católicos, luteranos, reformados y bautistas. Como sabemos, a los últimos se les llamó carismáticos. Ellos también vieron lo milagroso y también tuvieron que ir “fuera del campamento” de sus denominaciones. Aún los evangélicos conservadores los siguen viendo como los “fanáticos” del cristianismo estadounidense. Pero ellos también han crecido. Las bendiciones de la presencia manifiesta del Espíritu Santo fueron indudablemente el denominador común, el hilo que unió a todos estos movimientos. Pero ya no. Según una encuesta reciente, el hilo común ha cambiado. ¿Fue porque hubo una disminución repentina de verdaderos milagros? ¿Fue porque mejoró la economía estadounidense? ¿Fue porque las personas querían seguir en su zona de comodidad? ¿Fue el surgimiento de la televisión cristiana? Sólo sé que el común denominador de estos movimientos hoy día ya no es el poder manifiesto de Dios, sino la clara promesa de la bendición económica si usted da generosamente a un ministerio: al ministerio de él o ella. Sinceramente cuestiono si algunas redes de televisión cristiana sobrevivirían si la apelación al dinero con la promesa de la bendición de Dios de repente cesase. Me pregunto si algunos de ellos cerrarían de la noche a la mañana.

TODO SE TRATA DE DINERO

Un destacado líder del movimiento carismático en Inglaterra me dijo francamente que cuando ve la televisión cristiana actualmente, como si escuchara con los oídos de los no creyentes, indudablemente tendría la impresión de que en el cristianismo “todo se trata de dinero”. Si Jesús apareciera hoy, ¿se sorprendería usted de que se dirigiera inmediatamente al equivalente actual de los cambistas del templo y les expulsara? Nuestra
propia familia anhelaba mucho asistir a una iglesia en concreto cuando llegamos a Estados Unidos, hasta que descubrimos que era imposible soportar que el pastor dedicara una hora o más cada domingo a pedir la ofrenda.

Y al mismo tiempo, la vergüenza definitiva es cómo algunos predicadores de televisión se las arreglan para hacer que ciertos pasajes de la Escritura expliquen supuestamente el significado real y la razón de que Dios enviara a su Hijo al mundo para derramar su preciosa sangre: la bendición económica y la sanidad de usted. Algunos realmente hacen de la enseñanza de la prosperidad la esencia del evangelio mismo de Jesucristo. No hay, por tanto, necesidad de enfermedad o sufrimiento. Nada. Pablo quizá tuvo su “aguijón en mi carne” (2 Corintios 12:7, RVR60), pero ¡él no era tan espiritual como lo somos hoy! Si tuviéramos que creer a algunas de estas personas, la razón por la que Jesús murió en
la cruz fue principalmente para que nosotros tuviéramos una vida próspera y saludable aquí en la tierra. Algunas de estas personas nunca mencionan que Jesús realmente murió en la cruz para que pudiéramos ir al cielo y no al infierno cuando muramos. Ese mensaje no vende mucho. Así que todo se trata del aquí y ahora. Existencialismo. Dinero. Fuego extraño.

No todos los pentecostales y carismáticos están contentos con estas cosas. El predominio son las personas buenas y sensatas que aman sus Biblias y quieren que ésta se predique. Reciben bien el liderazgo que se centra en la Biblia, la enseñanza sólida y la adoración que exalta a Cristo. Escribo este libro para preservar eso, y si es posible, para ayudar a detener la actual tendencia. Ha llegado el día en el que abunda la falsa enseñanza, es cierto. ¡Pero usted no tiene por qué recibirla!”

Fuego santo - R.T Kendall